Re-pensar la cultura
I
La cultura es la jaqueca de las definiciones. Apenas alguien se define para sí (Soy culto) se le tacha de arrogante. Cuando se niega ser culto, se le desdeña como ignorante o analfabeta. Pero también aplica a los grupos; basta con pensar en las diversas culturas. Si excluimos personas, entonces somos unos brutos (incultos), por no incluirlos en una definición. ¿Qué se puede hacer? Tú puedes ser culto en literatura pero inculto en cine; igual aplica a las costumbres: puedes tener cultura política pero no cultura ecológica. Hay cierto temor en reconocerse o rechazarse cuando nadie sabe quien es quien, hay cierto temor en nombrarse culto o en negarlo; ¿Quién podría con la carga? Mil vidas no bastarían para llegar a ser realmente culto. Las expectativas tienen límite cuando se reconoce un límite. En el habla las cosas se complican. Las palabras se pueden conjugar en infinitivo, las cualidades deben ser conjugadas en infinitivo. Para llegar a ser bello, inteligente, culto (cualidades) estas no tienen un limite fijo, sino uno visible y reconocible. Ser bello no es lo mismo a decir soy guapo. Puedes ser bello (tener características que te avalan: ojos azules, cuerpo cuadriculado) pero es difícil que alguien asiente cuando digas soy guapo. Tal vez porque se puede poseer en parte la belleza pero no se puede atribuirla totalmente. Caso contrario de la inteligencia. Puedes ser un inteligente muy tonto (experto en matemáticas y comportarte como idiota) pero a final de cuentas, inteligente. Soy inteligente- afirmas. Ciertamente ¿Quién no lo es? La inteligencia es una abstracción, una parte del todo que se puede afirmar como un todo. La belleza es una totalidad que se puede afirmar en una porción, la inteligencia una parte que se puede afirmar como un todo; entonces, ¿La cultura? Ni una ni otra.
II
Ser culto implica tener la totalidad (si no tienes cultura, eres inculto, ¿Pero quien puede profundizar en todas las áreas del saber u hacer?); no hay limite fijo, pero tampoco reconocible. El problema comienza desde que se piensa la idea de cultura: Las identidades, los símbolos, las mercancías, cada objeto es una manifestación de algo, cualquier cosa, y al ser manifestación (independientemente de que) entonces es cultura. Entonces, ¿No importa el número de libros que devore, igual seré culto? O más a fondo: ¿se puede medir la cultura, se puede calificar que es una manifestación particular? No se. Tal vez es contable el consumo cultural (número de, revistas, libros, películas, obras, discos) pero consumir muchos objetos culturales no te hace necesariamente más culto. Si fuera el caso, los monjes indios, los filósofos griegos, y los poetas ascéticos serian una bola de incultos frente a los adictos de Internet. La cultura no se puede medir, pero tampoco se puede igualar con otras culturas. Resulta un tanto incomodo colocar la noticia del aniversario luctuoso de Octavio Paz junto a la noticia de que Luís Miguel tiene Herpes. Lo relativo sobre que puede ser cultura relativiza la cultura. Tal vez el problema de definir cultura estriba en pensar la cultura como una idea cuando es en realidad una imagen. Ser realmente culto es imposible, la cultura abarca demasiado; pensar o pensarse como culto es un desdoblamiento del ser, una imagen. Sastre, Heidegger entre otros, pensaban al ser humano como un proyecto sin acabar; menuda perogrullada. Vivimos en una fracción del tiempo, y nuestro tiempo es tan solo una fracción, para realmente poder llegar a ser, tendríamos que ser una cosa. Aunque esa es la ambición secreta de pensar la cultura como una idea. Es bastante conveniente: para los políticos, para llegar a ser considerados como preocupados por la cultura; para los intelectuales, para llegar a ser defensores de los valores humanistas; para la sociedad en general, para llegar a ser una sociedad cultivada. Cada quién desea llegar a ser; no se conforman con ser reales, también quieren ser verdaderos (el detalle esta en que, para saber que es verdadero, se tendría que vivir desde el inicio del Big Bang hasta el final del universo, solo así, se tendría una idea correcta de que es verdadero y no un simple fenómeno en la línea del tiempo). Nadie llega a ser totalmente. Eso es lo que nos da la diferencia entre unos sacos de carne y ser hombres: La libertad de continuar, de no ser algo fijo, sino movimiento, cambio. La idea de la cultura como manifestación cuantificable es contraria a su propósito: cosifica al hombre. La cultura (cuando menos, la cultura activa) no es solo una manifestación (una imagen) sino un espejo en que nos reflejamos, nos vemos, nos mostramos finitos, reales. En la cultura que sea pasiva (simple reflejo) es una chatarra, pero al fin y al cabo, cultura. La cultura activa se manifiesta pero también nos manifestamos a través de ella, es un espejo en que (en palabras de Sócrates) nos examinamos; nos criticamos, cuestionamos, dudamos y reflexionamos, una invitación a situarnos reales frente a los espejismos de la cosificación. Llegar a ser, la tentación que nos acompaña del vientre a la tumba.
III
La tasa de natalidad de los objetos culturales se ha disparado en los últimos años, aunque claro, esto no multiplica los espejos sino los espejismos. Mirarse frente al espejo ya no para conocerse, sino para admirarse. Cualquier artista local podría brillar en su pueblo, pero con la gran oferta cultural, ahora su pueblo no es suficiente y tal vez nada lo es. Sabemos demasiado y sentimos demasiado poco, escribió alguna vez Bertrand Russell, y es en esa frase donde se ubica la cultura pasiva frente a la cultura activa. El miedo de recientes años a las maquinas, el temor a un mundo que se muestra cada día mas hostil; el terror a los cambios globales; lo anterior no son otra cosa que una reacción casi antropológica a un mundo que es desconocido, que no se puede llegar a comprender en su totalidad, un mundo de ídolos y dioses vengativos que no se puede calmarles con ninguna liturgia. La cultura pasiva nos hace dueños de un saber pero no de un sentir. Podemos leer las noticias sobre el acontecer mundial, pero no sentirnos seguros. Es aquí donde entra esa palabrita ambigua que muchos la usan pero pocos conocen que significa: consumismo. El consumismo tiene hoy en día la misma función en ciertos círculos académicos que la que tenía Dios en ciertas sectas: explicar todo a través de un porque en sustitución de un cómo. Pocos saben con certeza cómo funciona la sociedad, pero existe una certeza compartida, funciona porque es consumista. El consumismo (como en el pasado fue el capitalismo y en el futuro será otra abstracción académica) es el talante metafísico que explica como funciona el mundo… ¡Sin explicarlo! Esta palabrita (consumismo) es la síntesis de una explicación más compleja… Pero que pocos conocen, y esta misma explicación es abstracta, esotérica y no hay un criterio común compartido; pero eso si, todos están de acuerdo con que la sociedad es consumista.
IV
El consumismo no es otra cosa que un analgésico. El hiper-consumir, la multiplicación de la oferta cultural, la individualización al extremo de la atomización, ninguna de estas cosas se explica por sí mismas (lo siento por los académicos cuya mirada y medida del mundo no va más allá de su nariz); la cultura activa reactiva la sensación del hombre de estar conectado con su entorno. Pero hace mucho que el ideal socrático del saber como ética se extinguió, hace mucho que ser congruente entre el actuar y el saber se extinguieron. El consumismo es un premio de consolación; ahora que ya no se puede ser integro entre lo que se hace y se piensa (Se aprende para un futuro incierto en la escuela; se trabaja para lujos que tal vez nunca se tenga; se… tiene mas de todo sin poder disfrutarlo. Se hace y se es, pero raramente para si, sino para el que se puede ser)
La cultura es ambigua por que sea personalizado, cuando en realidad debería ser personal.
